Tercera Carta | 10 de febrero de 2020
Gutz,
Espero estés bien, gracias por compartirme tus
procesos de vida, en cierta parte me identifico con ellos; con una cultura
machista, herencia que no es nuestra pero que nos habita, entrometiéndose en
nuestros modos de proceder ante la vida, cultura con la que convivimos tu y yo
desde lados opuestos de la moneda, tu desde una posición mucho más injusta y vulnerable,
pero que ambos tratamos de hacer consciente para poder erradicarla de nosotros.
Y desde una realidad que no hemos construido, pero en la cual nos ha tocado
vivir y de la cual somos responsables, una sociedad fuertemente polarizada,
clasista que no es amable con quien no tiene. Creo importante recalcar que en estos
dos puntos convergemos y desde este lugar dialogaremos, desde la imposición
sigilosa de lo ajeno (la desigualdad de género) y una pequeña pero profunda
herida hacia la cultura de consumo en donde el valor de la persona es
determinado por su poder adquisitivo.
Antes de responder tus preguntas me gustaría hondar
un poco más a cerca de la definición de diseño. Creo que el definirlo no lo
limita, pues pueden existir muchos tipos de diseño, más bien nos ayuda a identificar
que es lo que atañe a la labor de diseñar, que es un producto de diseño y que
no lo es. En este sentido una hamburguesa que puedo cocinar en mi casa y que satisface
el hambre (una necesidad primaria) no necesariamente es un producto de diseño.
Es simplemente un objeto que resuelve una necesidad. ¿Qué necesitaría esta
hamburguesa para ser un producto de diseño? Creo yo que, debería ser creada bajo
un proceso específico hecho no solo para satisfacer el hambre sino pensado para
satisfacer el hambre específica de un usuario determinado, dentro de un
contexto concreto y buscando generar una retribución económica a quien prepara
la hamburguesa o un impacto en el medio ambiente, por decir algo. Con esto me
refiero a que deber considerar muchos aspectos más allá de la necesidad en sí,
cada elemento del producto debe ser justificado en congruencia con el objetivo.
Aunque una hamburguesa que yo prepare para mi esta diseñada para satisfacer mi
hambre y adaptada a mi persona como usuario pues la preparo como me gusta, no
hay un ejercicio reflexivo para llegar a la meta final, desde mi opinión eso no
es diseñar. Creo que es justo ahí en donde reside el diseño, en “pensar para”,
crear bajo una profunda reflexión de como voy a proceder para satisfacer una o
varias necesidades, problemáticas u objetivos. El cuidar meticulosamente el
proceso y los factores que interactúan en la creación de un producto que busca causar
un impacto.
Por otro lado, creo que de facto existen
muchos diseños pensados para detonar una determinada reacción que no necesariamente
satisface una necesidad, sino la crea, como tu maestra afirma. Creo que esto no
excluye este acto creativo de ser diseño en sí, pues ha sido pensado para
generar capital, vender, posicionar un producto y en este sentido cumple bien
con su objetivo. Otro ejemplo carente de necesidad aparente puede ser la inmensa
cantidad de diseños de sillas que a lo largo de nuestra historia han acontecido,
la silla Panton, la Barcelona, la Egg, Thonet, acapulco y muchísimas más. La
necesidad de sentarse en algún lugar para descansar hace mucho tiempo fue
resuelta, y aun así seguimos generando más y más propuestas de sillas, quizá bajo
la necesidad de sentirnos más cómodos o de que ajustar nuestros objetos a los
nuevos cánones de belleza, pero ¿estas necesidades nacen de nosotros como
consumidores y el diseño busca satisfacerlas? O ¿el diseño crea la necesidad de
estar siempre más “cómodos” y siempre a la par de las nuevas tendencias? ¿Las
tendencias son gestadas por un humus cultural que poco a poco surge de la sociedad
para después ser teorizada y resuelta por las grandes marcas? O ¿son las grandes
marcas quienes dictan la tendencia y nosotros quienes la asumimos ciegamente? Podemos
hablar de tendencias como de necesidades, de cualquier modo, creo que el diseño
puede crearlas o satisfacerlas y aun así seguir siendo diseño. En todo caso podríamos
hablar de tipos de diseño. Ejercicios reflexivos para obtener un resultado
(producto) específico dirigido a una población concreta. Diseño consumista,
sustentable, social, expresivo, por accidente, que surge solo, diseño que no es
diseño, diseño de autor, diseño sin autor, diseño útil o diseño inútil, diseño
pal’ rato o diseño para siempre, en fin, muchísimos tipos de diseños. Escuchando
tu concepción del diseño y la mía, creo que ambos optamos por un diseño que lea
las necesidades y los anhelos de la sociedad y busque entonces contribuir para
satisfacerlos, resolverlos con propuestas sostenibles y sistémicas, que estén
en congruencia con su entorno, que no busquen introducirse sigilosamente en el
consumidor.
Retomando tu carta y entrando a hablar sobre el
orden de las cosas, nuestra forma de categorizar el mundo, de crear relaciones
de mismidad y otredad, lo primero que pensé fue “claro que no hay ordenes
absolutos” afirmar lo contrario sería una posición sumamente egoísta. Ese mismo
pensamiento intolerante, el de pensar que tu criterio es el que debe regir
sobre el resto nos ha llevado como humanidad a genocidios. Pero, por otro lado,
la falta de un criterio absoluto opuesto permitió que llegáramos a ese punto,
la falta de un umbral que separase lo correcto de lo incorrecto. Entonces sí,
creo que existan órdenes absolutos, todo lo que interfiera con la dignidad de
otra persona es incorrecto, todo aquello que denigre, lastime o acabe con otra
persona es incorrecto. ¿Cómo podría estar de acuerdo en que no hay un orden
absoluto sin estar de acuerdo también con que exista algún pensamiento que crea
que violar, matar o torturar es correcto? Claro que afirmo que sí existen
ordenes absolutos y claro que vale la pena luchar por ellos y lucharé por
ellos. Solo qué, yo hablo desde mi razonamiento, desde mi limitado campo epistemológico
y entre más lo pienso, más me encuentro con que un genocida se mueve desde lo
que el cree que es correcto y del mismo modo asevera que su orden es el
absoluto y vale la pena luchar por él. Yo creo firmemente que existe Dios, y lo
escribo con mayúscula por que así me enseñaron ¿Por respeto? ¿Por amor? ¿Para
darle más importancia que al resto de las palabras? En realidad no se por que
lo escribo así. Creo en Dios, y procuro que el amor sea mi umbral para
categorizar el mundo, sin embargo, también se han cometido crímenes gravísimos
en nombre de la religión. Todos nos movemos desde el orden que creemos correcto
y esperamos que reine sobre los demás. ¿Cómo saber cual es el verdadero
criterio?
Creo que podemos comenzar a hablar aquí sobre la línea
entre los órdenes que rechazamos y aquellos que podemos aceptar. De pronto nos
topamos con una manera distinta de entender cierta realidad y nos parece bien,
y lo aceptamos. Creo que es justo ahí en donde podemos pintar el parámetro, en
el entendimiento, cuando nos encontramos con algo que logramos entender podemos
aceptarlo por más distinto y ajeno que nos parezca, si lo comprendemos podrá ser
asimilado, aún sí creíamos que nos era opuesto. El entendimiento logra disolver
el conflicto que nace de lo ajeno y quizá no lo interioricemos, pero podremos
convivir con ello y respetarlo. Por otro lado, puede que no lo entendamos, pero
si no se confronta directamente con nuestro propio modo de categorizar las
cosas todo estará bien. Si yo digo que esto es rojo y si tu dices que es verde
no hay conflicto, solo es distinto y lo acepto, pero si tu afirmas que NO es
rojo, entonces valdrá la pena luchar por ello. La lucha será de la misma
magnitud que el criterio que este en juego, no defenderé igual un rojo que
alguien mas lo ve como un no rojo que la creencia de que torturar es correcto
cuando yo lo categorizo inamoviblemente como incorrecto. En conclusión, el
orden absoluto se enuncia cuando me encuentro con la imposibilidad de entender un
orden ajeno a mí propio pensamiento y que además colisiona directamente con lo
que yo asevero. Aquí no solo se puede, sino que se debe luchar, siendo siempre
autocrítico y analizando profundamente si lo que creo es correcto, con una
mirada compasiva y con fuerza en el intento de entender al otro, pues si aun después
de esto se cree que uno está en lo correcto, esto afirma que lo que cree el
otro es incorrecto y debe ser corregido. ¿Qué hubiese pasado si durante la Segunda
Guerra Mundial todos hubieran aceptado que la segregación y asesinato sistematizado
de un pueblo era solo un orden distinto de concebir al mundo? Yo se que muchos
mas intereses se mezclan en ese contexto y las decisiones tomadas por las
naciones en la IIGM no fueron solo un tema de correcto e incorrecto, quizá ni
lo consideraron, sin embargo, creo que debemos luchar por lo que creamos inamovible
y esperar que tengamos la razón pues estaremos en lucha directa con otro ser
humano. Para finalizar este tema quiero puntualizar que este panorama es sólo
cuando existe una confrontación directa y en dirección opuesta, existe un mundo
de posibilidades en donde la aceptación, la tolerancia, la admiración e incluso
el aprendizaje tienen cabida en la otredad, aun cuando no la entendamos.
Respecto al último tema quisiera hacer solo
comentarios breves pues esta carta ya se ha extendido. Sobre el diseño como
criterio de ordenamiento, en donde una persona es categorizada por lo que usa y
consume. Creo que sí, una persona es juzgada por lo que usa, pues comunica. Si
yo compro en Inditex o en el bazar del sábado de san ángel mi ropa, comunico
una u otra cosa, si yo consumo Mc Donald’s o como siempre en Green Corner, si me
muevo en metro, en bici, en un versa o en un Audi comunico algo de mi persona,
mis decisiones y mis posibilidades hablan sobre mí y los demás me ponen en un
lugar o en otro en consecuencia de esa información.
En congruencia con nuestra pregunta quisiera que pausáramos
los órdenes absolutos (que creo es un tema inmenso y no fácil de debatir) y en
su lugar hondáramos más que en dos puntos que han surgido, las necesidades y la
labor de diseño ante ellas ¿Crearlas o satisfacer aquellas que ya existen? ¿Cómo
identificar si un producto de diseño resuelve una necesidad o es una necesidad
en sí? Y por otro lado hablar sobre el diseño como condición de posibilidad
para ordenar a las personas ¿Es incorrecto categorizar a alguien por lo que
usa? ¿Lo que consumimos siempre comunica algo de nuestra persona? ¿Debemos ser
congruentes con lo que queremos de nosotros y lo que consumimos? ¿Cómo es la
relación entre lo que decido usar y lo que puedo usar? Creo que la última
pregunta puede ofrecernos un buen camino de debate, la relación entre mis
posibilidades y mis deseos, aunque yo quiera comprar ropa de 1/8 Takamura o Fábrica
Social, la realidad es que en Zara o H&M la ropa es mucho más barata y es
lo que puedo consumir.
Gracias Gutz, te mando
un abrazo grande.
PD: Me quedo muy impactado al percatarme que si creo que existan ordenes absolutos,
y no todo es tolerancia y aceptación. Me confronta darme cuenta que pienso que
otros están mal y yo bien, sin embargo me quedo contento.