Séptima Carta | 24 de febrero de 2020
Gutz,
Espero estés bien y hayas disfrutado de tu fin de
semana. Yo, de nuevo tuve uno muy bueno pero muy pesado, ya me cuesta salir
todos los días del fin de semana, creo que tengo que empezar a destinar los domingos
para realmente descansar.
En mi carta anterior me refería a necesidades
artificiales como aquellas que no son necesarias, aquellas que son creadas por
quienes crean, con el único fin de que aquellos que consumen, consuman. En donde
el usuario se convierte únicamente en consumidor y el producto esta desapegado
a la necesidad de una persona, convirtiéndose en la necesidad misma, no en la
solución.
Existen necesidades
ontológicas al ser humano, inherentes a su propia esencia, desde las más
básicas como las biológicas, hasta las mas complejas como necesidades de autorrealización,
propias a la condición humana. Existen también necesidades que surgen en respuesta
al desarrollo de la humanidad, congruentes con los nuevos descubrimientos y
avances tecnológicos, con las nuevas creencias y percepciones del mundo, que
reflejan el pensamiento que gesta cada época y espacio, aunque el espacio poco
a poco pierda fuerza y deje de ser un diferenciador a medida que la
globalización difumina las distancias.
En mi carta pasada el
centro de la reflexión se situó en ¿si las necesidades surgían de manera
natural en el vivir común de una sociedad o eran implantadas por unos pocos?
Necesidades inducidas sigilosamente por los creadores, disfrazadas de algo más,
con un objetivo subyacente a la aparente solución que pretenden ser para una necesidad
que muchas veces ni existe. A estas llamé necesidades artificiales, mismas que
tu nombras creadas.
Me surgen dos nuevas preguntas, ¿Quiénes son esos
pocos creadores? Y ¿por qué crean lo que crean, aun siendo necesidades artificiales?
En el ámbito de lo nuevo y de lo creado, en la actualidad y desde mi percepción
identifico 3 principales agentes. El primero crea para si mismo, muchas veces se
crea a si mismo con una capacidad autopoiésica, mientras que otras veces funge
de materia prima para el resto de creadores: es la sociedad, el conjunto
de personas que colectivamente y sin darse cuenta, casi por accidente generan
conocimiento, cultura, inventan y descubren como un ente amorfo que a su paso
deja un rastro de objetos y saberes nuevos. Una creación sin objetivo consciente específico,
que solo sucede, hija de el cúmulo de creaciones anteriores a sí misma, el tal
como Nietzsche afirma, las personas somos el resultado de todo lo que ha acontecido
en nuestra historia.
El segundo actor, a quien llamaremos los
autores, es la comunidad de creadores pertenecientes a las ciencias duras,
los investigadores y desarrolladores, los filósofos y psicólogos, aquellos que
se encargan de estudiar un campo específico, quienes realizan nuevos
descubrimientos, nuevos saberes y nuevos avances tecnológicos. En donde el
objetivo central es crear, descubrir, estudiar, aunque no necesariamente exista
un propósito aplicado en la sociedad, muchas veces ni se sabe para que sirve una
nueva creación solo se busca avanzar en el saber humano en nuestros alcances y
entendimiento del mundo o de nosotros mismos, el objetivo de este crear yace en
el crear mismo.
Y, por último, como tercer actor estamos aquellos
creadores que buscamos satisfacer necesidades del primer actor (la sociedad), utilizando
los descubrimientos, invenciones o saberes que han desarrollado los segundos (los
autores), nosotros diseñadores, arquitectos, mercadólogos, comunicólogos, ingenieros
desarrolladores de productos, etc. Nos llamaré traductores. A nosotros nos
atañe la labor de “crear para”, no tenemos el poder o el derecho de crear el
objetivo de nuestra creación, sino la responsabilidad de leer, interpretar y
resolver las necesidades del resto, los objetivos que ya navegan en la sociedad.
Aunque en mi carta pasada creía que las
necesidades artificiales eran un gran problema muy evidente, ahora no estoy
seguro. ¿Cómo un traductor podría fácilmente crear una necesidad en donde antes
no existía? Para empezar, nosotros los traductores, también somos parte de la
sociedad y somos hijos de un mismo campo epistemológico, todo lo que pensamos
es en principio congruente con las necesidades que nuestra sociedad concibe.
Por otro lado ¿Si creáramos una necesidad o una solución que no responde a algo
real de la sociedad, el consumidor no la rechazaría? ¿Debe ser mínimamente
necesario en algún aspecto para que pueda ser admitido en el mercado no crees? Un
producto cuyo único objetivo es que el consumidor consuma y así la empresa acumule
capital cumple con dos necesidades reales de la sociedad que quizá se gestaron
de manera natural en el desarrollo histórico humano, la necesidad de la persona
de consumir por consumir y la necesidad de la persona de acumular, un diseñador
no esta haciendo más que dar respuesta a lo que necesitamos en este momento, crea
productos para que algunos los tengan y otros generen dinero, crea una solución
a necesidades que no necesariamente el invento. Incluso si el traductor
(diseñador) fuese el dueño de la empresa o diseñara para sí mismo estaría cumpliendo
con las necesidades que habitan en el como parte de la sociedad en la que vive.
¿En donde nace la necesidad de consumir o la
necesidad de acumular? No creo que sea algo creado únicamente por los
traductores, quizá ni siquiera tuvimos algo que ver. ¿Realmente tenemos el
poder de crear necesidades? Pasamos de la estructura comunitaria a la masividad,
de sentirnos apoyados por una pequeña red humana, de sentirnos útiles y capaces
para la sociedad y de sentir una fuerte identidad como comunidad, a ser parte
de una masa en donde la soledad es latente, la individualidad se difumina, en
donde es difícil sentir que aportamos en una estructura tan inmensa, en donde
la identidad es global y homogénea y además debemos luchar para pertenecer a
esa mancha global, permanecer iguales. Y, sin embargo, buscamos resaltar y también
permanecer auténticos a través de los objetos, de poseer mas y mas dinero o
productos como empresario o como consumidor. Yo creo que estas necesidades
surgieron de forma natural, en respuesta a muchas otras cosas, al crecimiento
poblacional, al desarrollo de nuevas tecnologías de comunicación, a crisis
económicas, etc. La sociedad de consumo en gran parte nace después de la
segunda guerra mundial durante los años 50s, en una necesidad social de
felicidad, libertad y desarrollo económico que aparentemente los productos podían
resolver, se inventó la obsolescencia programada en respuesta a una necesidad muy
tangible. La necesidad de felicidad de libertad y de una mejor economía eran
reales, producto de muchos otros factores que la sociedad, los autores y los
traductores construyeron en ese entonces.
Incluso una necesidad mucho más profunda a la que
damos respuesta como traductores, es una necesidad quizá ontológica, es el
sentir nuestra valía como personas, resaltar nuestro valor, valor que ha oscilado
en la historia humana entre el hacer, el ser y el tener, podríamos leer a Erich
Fromm o a algunos psicólogos evolutistas para hondar mas en este tema. Al final
el traductor, el diseñador en la mayoría de los casos no inventa una necesidad,
resuelve aquellas que existen entre líneas en la sociedad, entonces ¿Cuándo si
inventa una?
El modo más común en el que puedo pensar ahora de como
diseñadores creemos necesidades es, por accidente. O en una muy mala práctica
de diseño, conscientemente pero en un segundo paso después del objetivo mas
visible de un producto. Llegando al usuario con la solución de una necesidad existente
que cargue subyacentemente otra necesidad. Esto generalmente pasa por
accidente, pues no podemos controlar todo lo que un nuevo producto llegue a
detonar en el consumidor. Creo que realizar este ejercicio conscientemente,
como traductores es profundamente incorrecto, es aquí cuando podemos crear
necesidades atentando contra la autonomía individual y social.
Como
ejemplo de necesidades creadas por accidente, podemos enunciar toda la
industria de desechables de plásticos que en un principio se crearon para
resolver muchas problemáticas reales y hoy son una de nuestros mayores
conflictos, o, el claro ejemplo que diste en tu carta, un smartphone que nace
queriendo resolver una necesidad de comunicación, conectividad y apoyo en
tareas de la vida cotidiana que termina creando muchas otras problemáticas como
el nivel de adicción, la dispersión del sueño, necesidad de validación en redes
sociales, necesidad de internet y electricidad en todos lados, etc.
A esos accidentes creo
que nos compete de manera urgente tanto a traductores como a autores pensar en
las consecuencias de nuestras creaciones, trabajar fuertemente en un
pensamiento sistémico y estratégico, capaz de proyectar a futuro las repercusiones
en cada parte de el sistema en donde vaya a ser introducido el producto o el
nuevo saber. No con ánimos de censurar o limitar, sino controlando las repercusiones
no deseadas, no solamente maximizando los resultados anhelados. Creo que la
capacidad de proyección de manera amplia y a largo plazo podría ser un muy fructífero
campo profesional en el diseño y en las profesiones en general.
Hasta ahora hemos
hablado de necesidades y soluciones desde un punto de vista de creadores, como
diseñadores. ¿Qué piensas de todo esto desde nosotros como personas
pertenecientes a la sociedad, como consumidores?