Naturaleza humana y necesidades artificiales.


Quinta Carta | 12 de febrero de 2020
Querida Gutz,
Espero estés bien, yo estoy muy distraído, fue un fin de semana intenso y apenas estoy arrancando.
Sobre el orden de las cosas, y los posibles órdenes absolutos. A pesar de que la ciencia aparentemente sea aquello verdadero, con la cualidad de poder ser comprobada y en consecuencia aparentemente inamovible, creo que no es un orden absoluto. De hecho, Foucault gran parte de sus estudios sobre la epistemología los basa en como el pensamiento científico cambia radicalmente según la época despojándolo de su carácter de absoluto. El pensamiento científico está basado en paradigmas construidos bajo una episteme sujeta al tiempo y el espacio en el que se gesta, es comprobable desde un punto de vista específico y bajo circunstancias concretas, cuando el campo epistemológico cambia, cambian los puntos de vista, las circunstancias, los paradigmas, algunos dejan de ser vigentes y otros nuevos se descubren; dándonos como resultado de este cambio, un pensamiento científico muy diferente. Claro que del mismo modo las ideologías, la moral, la fé, y las demás creencias también son constructos que han sido creados bajo una episteme que no es absoluta, que cambia.
Sin embargo, sigo sin poder evitar pensar en criterios que sí son inamovibles, innegociables, umbrales de criterio que son, como tu dices, naturales al ser humano y definen lo correcto de lo incorrecto, dicho de una manera más adecuada lo natural al ser humano y lo que no lo es. Un orden absoluto, que no da lugar a puntos medios y es ilimitado, es decir que trasciende el cambio de epistemología. Este es un diálogo completamente diferente, la naturaleza del hombre y la mujer y no el modo en el que ordenamos las cosas. Es un debate amplísimo por lo que me limitaré a solo dos ejemplos. Creo que no respetar la dignidad humana es anti natural, es por esto que cuando es llevado a un extremo (violar, matar, torturar, etc.) no existe un sentimiento de autorrealización, por el contrario, cuando se hace lo opuesto (ayudar, amar, entender, etc.) si hay un profundo sentimiento de autorrealización. Yo creo que ontológicamente el ser humano tiene una dimensión de trascendencia, puede ser nombrada como un dios, 10 dioses, religión, el universo, la energía, etc. Creo yo que esa es la naturaleza del ser humano, tener una dimensión que trasciende su individualidad, y es el nombre que nosotros le otorgamos a esa naturaleza lo que conocemos como catolicismo, judaísmo, budismo, vibras individuales conectadas con el otro, etc. Es la construcción que concebimos sobre un campo epistemológico concreto lo qué hará que cambien, se borren o lleguen distintas percepciones de lo natural al ser humano.
Por otro lado, existen también distintos tipos de necesidades que habitan en nosotros, algunas ontológicas a nuestra condición humana y otras sujetas al cambio de epistemología. Podemos hacer una breve referencia a Abraham Maslow y su pirámide, en donde intenta explicar que es lo que motiva al ser humano a actuar; en la base se encuentran las necesidades fisiológicas como respirar, alimentarse, descansar, reproducirse, etc. Le siguen las necesidades de seguridad, las sociales, reconocimiento y de autorrealización. Creo que el diseño en su expresión mas “sana”, congruente con el tipo de diseño que tú y yo elegimos y del que hablamos hace algunas cartas, así como es su versión meramente capital y consumista puede atender cualquier tipo de necesidad que plantea Maslow, no importa la profundidad o superficialidad de esta, al final es algo que como seres humanos necesitamos, tampoco importa si es una necesidad ontológica o pasajera en nuestra contemporaneidad, de nuevo, es algo que en ese momento es necesario por más tonto que parezca.
Lo que a mi parecer es más importante, y desde donde se podría hablar de algo correcto o incorrecto, es sobre el lugar en donde nacen esas necesidades, si es en un humus cultural que se gesta de manera natural, viva, colectivamente o en una institución que usa al diseño y a la mercadotecnia como mano invisible que desde arriba maneja como a un títere a la masa. Es muy diferente como la sociedad y su cultura nos influencian como individuos, a, como un ejercicio plenamente consciente de unos pocos influencia a unos muchos en nuestra toma de decisiones e incluso en nuestra manera de percibir el mundo, a nosotros mismos y nuestro modo de relacionarnos con los demás.
No importa si son necesidades superficiales o no, el problema es cuando son necesidades artificiales, que no han nacido del latir de la sociedad, de nuestro tiempo y nuestro espacio. Y aquí me hacen mucho sentido las palabras de René, cuando se refería a la labor de diseñadores como traductores, creo que es nuestra obligación leer las necesidades de nuestros usuarios y traducirlas en un producto de diseño, fungir como puentes, como intérpretes, como vehículos que transforman una necesidad abstracta en una solución concreta. Traducir no enunciar, por lo menos no desde el diseño. El diseño como la mercadotecnia y profesiones afines, tienen un modo de proceder muy sigiloso lo cual incurre en meterse con la autonomía de las personas. Lo bueno es que no solo somos diseñadores, somos personas con muchos otros intereses y con la libertad de enunciar desde otros ángulos, de ser creadores de cultura y de necesidades nuevas, pero no desde la institución, no desde el proceder casi invisible del diseño.
Muchas veces necesidades reales son usadas para ser transformadas en necesidades artificiales, y así como profesionistas del diseño podemos o no elegir ser traductores de necesidades y creadores de soluciones o ser sólo creadores de necesidades. Como consumidores también tenemos mucha responsabilidad, si no es que aun más. El hecho es que existe una necesidad, yo puedo elegir ser crítico conmigo mismo y mis necesidades, así como crítico con lo que el mundo me ofrece para resolverlas y entonces hacer evidente lo que influye en mi toma de decisiones. Por ejemplo, el deseo de crear relaciones con otros seres humanos y sentirme aceptado es real, según algunas posturas psicológicas y filosóficas es incluso ontológico, una vez que soy consciente de que eso, una vez que evidencio a través de la autocrítica esa fuerza extraña que me mueve y que estamos llamando necesidad, puedo decidir como resolverla. Y si soy consciente también de lo que el mundo me ofrece para resolverlo, puedo entonces elegir que sucederá conmigo. Si soy crítico con lo que acontece fuera de mí, puedo poco a poco identificar esos otros nombres que intenta una mala práctica de diseño ponerle a mi necesidad, convirtiéndola en una necesidad artificial que pueden manejar a su gusto. De pronto mi deseo natural de sentirme en relación con otras personas es renombrado como deseo de comprar, consumir, tener, para entonces poder ser validado.   
Gutz, ¿qué piensas de las necesidades artificiales como diseñadores y como consumidores?