Sobre cambios de necesidades

Lindo Chema,

     Espero que la semana te esté tratando con cariño después de tu lunes, sin embargo, entendería si sintieras que te pasó un tren por encima. Como quiera, te envío un apapacho virtual.
     Me intriga mucho la pregunta que planteaste al final de tu carta, sobre todo porque hay algo que me hace un poco de ruido. Yo no creo que haya necesidades artificiales, creo que cuando sentimos que necesitamos algo lo necesitamos, y cuando no lo necesitamos pero lo queremos le podemos llamar un capricho o un deseo. Pero creo que todas las necesidades son reales. Si acaso, les llamaría necesidades creadas y necesidades naturales, siendo las naturales las necesidades biológicas y demás (como mencionaste cuando citaste a nuestro amigo Abraham Maslow), y las creadas, las necesidades implementadas por la industria. Voy a suponer que hablas de las necesidades creadas por el bien de mi cordura.
     Muchas veces, nosotros como diseñadores impulsamos la generación de este tipo de necesidades, en diversas ocasiones con una buena intención, con la intención de solucionar una problemática de nuestros usuarios. Sin embargo, muchas de estas problemáticas son consecuencia de la acción de otros diseñadores que tuvieron en sus usuarios un impacto muy importante, en algunos casos negativo, que posteriormente se manifestó en una necesidad que ahora hay que satisfacer. Creo que es muy común que los usuarios en general busquen productos que hagan sus vidas cada vez más fáciles.
     Cuando Nietzsche escribió Ecce Homo, habla sobre cómo las personas se nos devenimos, nos desarrollamos hasta ser lo que somos hoy en día. Habla sobre como las personas somos el resultado de todo lo que ha pasado en nuestra historia. Viéndolo desde otra perspectiva, creo que las personas somos el resultado de los productos que consumimos, éstos reflejan qué prioridades tenemos y qué necesidades satisfacemos para poder tener las herramientas que nos ayudarán a llegar a donde sea que queramos llegar. Aquí radica el punto central de nuestra pregunta filosófica: ¿hasta qué punto los productos definen quiénes somos o en quién nos convertimos?
     Evidentemente, las personas de hace cien años tenían necesidades (creadas) diferentes a las que tenemos hoy en día. Incluso los millennials tienen necesidades (creadas) diferentes que los boomers o que los centennials (generación Z), y ni siquiera hay tantísima diferencia temporal entre una y otra (obviamente entre los boomers y la generación Z la diferencia es un poco mayor, pero sígueme la corriente). Existen ciertos esquemas de necesidades que las generaciones van adoptando sin cuestionar, y estos esquemas cambian constantemente, una necesidad sale y otra entra, muchas veces por culpa de nosotros los diseñadores, y de nosotros los consumidores. Ante la demanda, la oferta.
     En muchas ocasiones, los consumidores evaluamos una necesidad y decidimos que ya no es importante para nosotros. Destruimos esa necesidad, acabamos con ella. Ahora volteamos a otros productos que comienzan cumpliendo un capricho pero eventualmente se convierten en una necesidad, y el ciclo se repite. Por ejemplo, los smartphones. Los smartphones comenzaron como un capricho, un lujo que pocos de nosotros podíamos darnos. Con el tiempo, el consumo de estos teléfonos se fue normalizando, hasta que una persona no podría sobrevivir bajo ninguna circunstancia (nota el sarcasmo no tan sarcástico), se convirtieron en una necesidad. Necesitamos los smartphones. Ahora, estos teléfonos se han vuelto un problema para los usuarios, ya que su luz azul ahuyenta la melatonina, la hormona que nos provoca sueño, aumentando los niveles de insomnio en un porcentaje alto de personas que los usan constantemente. Ahora, necesitamos películas para pantalla que bloqueen la luz azul de los teléfonos, o una lámpara que induzca el sueño o, nada más y nada menos que un somnífero. Los necesitamos. (¿Cuándo en la vida tendría este problema un ama de casa de los años 50?)
     Hice una comparación en el párrafo anterior con el capítulo "De las tres transformaciones" del libro "Así habló Zaratustra" de Nietzsche. Primero, nuestra mente se convierte en un camello, que se cansa de las necesidades actuales, que deja de darles prioridad. Después, se convierte en un león, que las destruye. Destruye las necesidades, deja de consumir aquello que fomenta la necesidad de la que ya no quiere depender. Finalmente, se convierte en niño, que crea nuevas necesidades, explora nuevos productos que eventualmente le serán indispensables, que regirán sus patrones de consumo. Y, como dije anteriormente, el ciclo se repite.
     Como llevo elaborando a lo largo de toda esta carta, los usuarios estamos constantemente buscando y/o alimentando nuevas necesidades creadas por el humano mismo. ¿Hasta qué punto crees que los consumidores busquemos productos que nos faciliten la vida? ¿Crees que nos convirtamos en seres inútiles eventualmente? ¿O crees que encontremos nuevas funciones para nosotros mismos mientras nuestros productos cumplen las tareas que hoy en día cumplimos nosotros?

Te mando otro apapacho virtual,
Gutz.

P.D.: acabo de entender que cuando dijiste "necesidades artificiales" probablemente no te referías a necesidades falsas, sino a necesidades creadas por acción humana. Si sí era así, entonces mi carta no tuvo sentido alguno. Olvídala. Si no era así, entonces todo está bien. No respondas a esta posdata.