Sobre (más) necesidades y pasiones, y sobre el mejor momento de mi vida

Queridísimo Chema,

Comienzo esta carta contándote que tengo en circuito reverberante la canción "I Constantly Thank God For Esteban" de Panic! at the Disco (o sea, la tengo pegada). Si la has escuchado, sabrás que es una gran canción; si no, no te recomiendo que lo hagas, ya que se te pegará a ti también. Lo que sí te recomiendo es que utilices parte de tu vida nocturna para descansar. También descansa los domingos, al fin y al cabo, es el día del Señor.
     Tenias razón el otro día cuando me dijiste que tu carta iba a estar loca, pues estuvo loca. Me dejó muy marcada la parte en la que hablaste sobre los diseñadores (o traductores, como les llamas tú) creando necesidades de manera accidental. Tienes razón, los diseñadores no sabemos realmente el impacto que va a tener nuestro producto en los consumidores. Creo que, de manera muy frecuente, los diseños que creemos que van a ser un éxito total son los que se quedan en el olvido, y los que más permean en los usuarios son los productos a los que ni siquiera les veíamos mucho potencial: los consumidores generalmente ven cosas que nosotros no. Tienen una mente mucho más abierta en cuanto a nuestros diseños que nosotros mismos. Nosotros podemos estar sesgados por nuestro propio ego, nuestra propia mente, la misma historia del producto o lo que pensamos que pudo haber sido. Los consumidores reciben este producto sin ningún tipo de conocimiento previo en cuanto a éste. Pueden llegar a juzgarlo más crítica y objetivamente que nosotros. Finalmente, el que va a darle valor a nuestros diseños son los consumidores y los usuarios, ya que son para ellos.
     Un producto puede generar una necesidad por dos razones. La primera es su funcionalidad. Creo que si un producto funciona tan bien, el producto mismo se vuelve una necesidad. Resuelve la problemática de manera (casi) infalible, de forma que los usuarios no quieren, y eventualmente no pueden, vivir sin él. La otra razón es todo aquello que el producto mismo requiere. Muchas veces los productos, en vez de solucionar una problemática, generan otras. Pero en una época en donde el consumismo está inmerso tan profundamente en las personas, esto no es un dilema serio. En vez de dejar de usar el producto que necesita de otros productos para funcionar, consumimos el primer producto y compramos también los otros productos para que el primer producto funcione. ¿Qué importa?
     En algunas ocasiones, el segundo caso es resultado de un mal diseño, pero en otras, es un plan diseñado casi malévolamente por las marcas para incitar el consumismo del que tanto hablábamos y generar lealtad hacia la misma marca, ya que los consumidores se ven obligados a comprar una serie de productos de la misma marca que fácilmente pudieron haberse fusionado inicialmente en un solo producto. Una de las marcas que ha logrado esto sin falla alguna es Apple (por si no lo habías notado, tengo fuertes sentimientos hacia Apple y sus planes de mercadotecnia, sentimientos encontrados. No dejes que estos sentimientos influyan en tu opinión acerca de lo que voy a decir). Apple se ha encargado de quitarles características esenciales a sus productos (en las laptops, las entradas USB; en los teléfonos celulares, las entradas auxiliares), vendiéndolo como avances tecnológicos: ¿cables? ¿Quién los necesita? Son taaaan del siglo pasado... Sin embargo, venden en sus tiendas los adaptadores para ambas entradas, y Chema, cuando te digo que te lo juro me refiero a que te lo juro, que no conozco a una sola persona que no haya tenido que comprar un adaptador para alguna de estas dos entradas. Ni una persona. Así que Apple se encargó de crear una necesidad basándose en otra necesidad que ellos sabían que seguía vigente pero nos hicieron pensar que era obsoleta. La verdad es que nosotros, los consumidores, decidimos cuando los objetos son obsoletos, y son obsoletos cuando los dejamos de consumir.
     Como dije anteriormente, estamos tan acostumbrados al consumismo que no consumir nos resulta extraño, e incluso lo hemos hablado en otras cartas, hasta la persona que no tiene recursos para consumir, consume. Estamos constantemente explorando nuevas cosas, buscando nuevas experiencias por medio del consumo de productos. ¿Dónde se sitúan éstos en las pasiones? Muchas veces estos productos nos pueden ayudar a explorar dichas pasiones, nos permiten ir más allá dentro de ellas, encontrar nuevas ramas dentro de ellas que nos hagan sentir de esta forma tan, pero tan particular. Sin embargo, de las pasiones que me pueden venir en este momento a la cabeza, todas requieren de productos. Pintura, pinceles; música, instrumentos; esgrima, equipo para esgrima. Incluso mi momento más wow en la vida requirió de un consumo (por si tienes duda de cuál fue, consulta la posdata. Te recomiendo que lo hagas, vas a leer sobre el mejor momento de mi vida).
     Las pasiones son parte de nosotros, son lo que nos impulsa, lo que nos motiva. Pero actualmente muchos de nosotros estamos tan dispersos en la vida que no sabemos realmente cuál es nuestra pasión, ni siquiera estamos cerca de saberlo, y el consumo tan amplio y constante de productos puede alejarnos más que acercarnos a saberlo. Aunque, por otro lado, este consumo ha acercado a algunos más de lo que tu y yo nos podríamos imaginar. ¿A qué me refiero? A que el producto se vuelve la pasión. El producto es ahora lo que impulsa, lo que motiva. El producto otorga la felicidad absoluta. Vaya confusión, sí que nos hemos perdido.
     Chema, ¿es posible esto? ¿Un producto puede ser la pasión de alguno? Tomando en cuenta la dependencia que tenemos de los bienes materiales, no me suena tan descabellado, pero me gustaría saber lo que tú opinas al respecto. ¿Hasta qué punto el producto influye en nuestra pasión? ¿Influye de manera positiva o negativa? ¿La experiencia de la pasión sería la misma sin los productos que generalmente la acompañan?

Espero ansiosa tu respuesta,
Gutz.

P.D.: no creas que voy a escribirte posdatas en cada carta, nada más ha surgido la casualidad de que las he incluido en todas las cartas que te he enviado menos en una. Ahora, pasemos al mejor momento de mi vida: el concierto de Panic! at the Disco en el Corona Capital 2018. Qué momento, qué belleza. Aunque Nietzsche dice que deberíamos estar dispuestos a repetir cada día de nuestra vida, si yo tuviera que repetir uno, sería ese. Es chistoso que sea la misma banda que mencioné al inicio de esta carta, cabe aclarar que es mi banda favorita. Diez de diez. Por si tenías el pendiente, no tocaron la canción que tenía, y sigo teniendo, en circuito reverberante. Yo estaba parada entre la multitud con Carlos, empezó el concierto, y a los veinte minutos Carlos me dijo que tenía que salir para ir al baño. Como buena novia que soy, le dije que fuera y que lo veía después del concierto. Tengo que decirte que no habría sido la primera vez que me sacaba de un concierto porque tenía que ir al baño, entonces el salió y yo me quedé, apreciando las mejores casi dos horas de mi vida, cantando junto a puras personas extrañas. No lo cambiaría por nada.