Chema,
Cada vez me cuesta más trabajo escribirte cartas, cada vez encuentro menos motivación. No porque no quiera hablar contigo, tú sabes que me encanta y te consta que cuando estamos juntos no podemos callarnos. El problema está en saber que tengo que escribirte. ¿Alguna vez te pasó que tu mamá te ordenaba que limpiaras tu cuarto, cosa que muy probablemente ya ibas a hacer, pero eso te hizo querer limpiar tu cuarto aún menos? A mí me pasa todo el tiempo, sobre todo con el arreglo de mi barniz de uñas. Tiendo a tener las uñas muy desarregladas, y a mi mamá le molesta bastante, así que cada vez que me ve me ordena que me arregle las uñas (pueden ser varias veces en un mismo día). Seguramente me las iba a arreglar en breve, sin embargo, como mi mamá me lo ordenó, lo trato de posponer lo más que puedo. No hago esto porque sea rebelde, porque definitivamente no lo soy, sino porque es muy molesto sentir que tienes que hacer algo porque alguien más te lo dijo, en vez de hacer algo porque te gusta, o porque quieres, o porque te lo ordenas tú mismo. Me sucede algo parecido con la correspondencia. Como quiera, me encanta leer tus cartas y también me gusta escribirlas.
¿Como estoy? Chema, siento que nada es real. Todo está pasando muy rápido, y cuando una "catástrofe" acaba y parece que todo va a regresar a la normalidad, otra comienza (pongo la palabra "catástrofe" entre comillas porque el diccionario la define como "suceso desdichado en el que se produce gran destrucción y muchas desgracias con grave alteración del desarrollo normal de las cosas", y yo estoy usando la palabra con otro significado, uno mucho menos grave). Honestamente, creo que el 2020 está jugándonos a todos una broma muy pesada. Siento que estoy en una película, una de esas en las que simplemente no puedes creer que tantas cosas malas estén pasando. La posible tercera guerra mundial, la ola de feminicidios que ha habido, el tonto coronavirus; todo esto en menos de tres meses. Las únicas cosas que me mantienen a flote son verlos a ustedes, el albúm A Fever You Can´t Sweat Out de Panic! at the Disco (tú sabes que son mis favoritos), y el hecho de que Club Penguin surgió de nuevo en la red, y ya ni siquiera puedo verlos a ustedes porque estamos en cuarentena, así que solo me sobran los últimos dos. Rayos. A todo esto súmale la muerte reciente de un amigo de dos amigos de Carlos y míos, un niño de tu edad con cáncer. Antes de que me des el pésame, déjame decirte que no es necesario, ya que sólo vi a este niño tres veces en mi vida, no era una persona importante para mí (aunque suene feo), sin embargo, era muy importante para nuestros amigos, y, comoquiera, fue una noticia muy triste. Así que, repito, rayos. Dice Heidegger que somos arrojados al mundo, pues yo siento que fui arrojada con un cañón y sin casco directo a un escenario apocalíptico (como Australia en el 2021. Si viste Mad Max sabrás de qué hablo, pensándolo bien ese escenario no se ve tan lejano ahora, tomando en cuenta la temporalidad y el contexto actuales), porque ¿qué clase de sitio es éste?
Después de la marcha del 8 de marzo, el día internacional de la mujer, o, mejor dicho, durante la marcha, sentí un vacío dentro de mí. Yo no fui a la marcha, me dejé influenciar por las redes sociales que generaron miedo dentro de mí, haciéndome pensar que pasarían tragedias en la marcha, que sería un lugar peligroso para ir. Sin embargo, supe de tanta gente conocida que fue, gente que después me habló de lo increíble que fue estar ahí, de lo seguras que se sintieron, de lo bien que se sintió ir y gritar con miles de mujeres que gritaban por lo mismo, exigiendo lo mismo, y me sentí tonta. Me sentí débil, me sentí manipulable y me sentí, sobre todo, egoísta. ¿Por qué dejé que otras mujeres lucharan por mí cuando yo también pude haber ido a luchar por mí misma? Es una causa en la que creo fielmente y que defiendo hasta donde (generalmente) puedo, sin embargo, me hice a un lado en el momento en el que era más importante estar presente. Es algo por lo que estoy muy enojada conmigo misma, y por lo que nunca me voy a perdonar. Tonta, tonta.
No se si puedo decir que me perdí a mí misma, porque yo fui la que decidió no ir, aunque no haya sido la decisión que a mí me habría gustado tomar. Fui influenciada por las redes sociales, me dejé llevar por lo que dijeron otras personas, personas que yo ni siquiera conozco y probablemente nunca conoceré. ¿Me perdí a mi misma? ¿Me pierdo a mí misma cuando dejo que las otras personas influencien mis decisiones? ¿Me pierdo a mí misma cuando mi mamá me ordena que me arregle las uñas y lo hago? O, ¿me estoy ganando a mí misma porque estoy decidiendo hacer caso a las demás personas? Si lo ves así, siempre nos ganamos a nosotros mismos. Incluso cuando nuestra mamá nos prohíbe salir al antro (ejemplo completamente hipotético, yo no salgo al antro ni aunque me pagaran por ello), nosotros decidimos hacerle caso por miedo a las consecuencias que traería no hacerle caso, nosotros decidimos que no vamos a salir al antro en vez de decidir ignorarla y escaparnos, rezando a Dios porque no se entere. Viéndolo de esa forma, no hay manera de perdernos a nosotros mismos, ya que nosotros somos los únicos dueños de nuestras decisiones, nosotros somos quienes decidimos finalmente hacer lo que nos ordenan o no. Si dejar que nuestras decisiones sean influenciadas por otras personas significa perdernos a nosotros mismos, entonces estuvimos perdidos desde el principio de nuestra vida, y siempre lo estaremos. Los humanos somos seres sociales, seres que se complementan entre ellos, y queramos o no nuestras decisiones siempre se ven influenciadas por lo que dicen las demás personas. Las niñas pequeñas son convencidas de que es mejor juguete la muñeca de Elsa que los Hot Wheels (que para mí definitivamente no es así), los adolescentes son convencidos de que el vodka puro sabe bien, y las niñas de mi edad, 22 años, son convencidas de que si no se casan en tres años serán unas quedadas. Ninguna de estas personas fue ordenada, sino que la gente a su alrededor les dijo cosas que influenciarían sus decisiones actuales y posteriores.
Estas personas se vuelven parte de la "masa homogénea" de personas que constituyen el uno, Das Man. Actúan como se actúa: la niña pequeña compra la muñeca que se compra a esa edad, el adolescente toma lo que se toma en la adolescencia, las mujeres de mi edad buscan un novio (a como dé lugar) para casarse a la edad a la una se casa. Un ejemplo más enfocado al machismo del que hablas en tu carta: un hombre trata a la mujer que acaba de conocer como se trata a las mujeres.
Ahora, regresando a los objetos de diseño, viene mi pregunta: ¿en qué manera crees que los objetos de diseño puedan hacer que nos perdamos a nosotros mismos, o que nos ganemos a nosotros mismos, en su defecto?
De igual forma, debes estar cansado de las malas noticias al igual que yo, así que te dejo unos links con buenas noticias para alegrar tus días: https://www.excelsior.com.mx/buenas-noticias#view-1, http://mundoenpositivo.com/, https://enfoquenoticias.com.mx/buenas-noticias. Aunque muchas de esas noticias se tratan del coronavirus, un tema del que desesperadamente quiero escapar, tienen un enfoque positivo que ojalá reduzcan el pánico que seguramente tienes con respecto a eso. Me avisas qué tal.
Te mando un abrazo a distancia porque pasará mucho tiempo antes de que te dé uno físico,
Gutz.
P.D.: Hice una referencia al episodio 1c de la primera temporada de Bob Esponja, espero que la hayas cachado.