Novena Carta | 03 de febrero de 2020
Querida Gutz,
Esta carta la escribo fuera de tiempo, pasó ya incluso la siguiente clase, cambiamos de filósofo y yo no he ni abordado aún a Nietzsche. El motivo, me siento desmotivado. No es falta de tiempo, no es que me haya visto obligado a priorizar tareas eligiendo una sobre otra; es en cambio, una falta de organización y motivación a hacer lo que debo hacer. Quizá es también esto el motivo por el cual los últimos fines de semana no he descansado, saliendo en las noches y regresando hasta la mañana siguiente de manera excesiva, no porque sea demasiado, en otros momentos he disfrutado este modo de vida, sino porque en este momento me excede. En este momento en particular, solo me sirve de evasión al trabajo que debo realizar, es solo una distracción al sentimiento que acongoja mi corazón, me abruma.
Es quizá porque necesito de manera urgente conseguir trabajo y no me he dado el tiempo de buscarlo, o me da miedo afrontar un camino incierto hacia lo profesional en donde no sé si podré sentirme conforme con lo que hago, en donde pueda aportar y sienta además que aporto a algo que importe, en una realidad que no está para banalidades. Puede también que me de miedo no armarla en algo nuevo cuando en mi vida todo se ha dado de manera natural y hoy parece que ya no hay un hilo de donde jalar, sino un salto que no sé a dónde me va a llevar. O puede que sea un estado post-montaña después de haber regresado de vivir seis meses en Cochoapa, quizá no estoy satisfecho con los quehaceres que debo realizar, o puede que simplemente no esté motivado por que es imposible estarlo siempre. No lo sé, sin embargo, sé que hoy habita en mí un sentimiento de desconcierto.
Y me parece este un punto idóneo para saltar de nuestro diálogo sobre el orden, las necesidades y Foucault a las pasiones, a la vida, al sufrimiento, a la trasvaloración y al super hombre en Nietzsche, desde tu vida, desde mi vida, desde nuestra profesión como diseñadores.
Quiero comenzar abordando las tesis de Nietzsche sobre la transvaloración de la estructura nihilista, enunciando como lo he hecho antes, que creo en una dimensión suprasensible, en una dimensión trascendental y sin embargo no criminalizo lo sensible, no creo que el cuerpo y lo terrenal sea algo impuro, no creo que por mandato divino deba culpabilizarme al gozar de pasiones sensibles. No soy filósofo ni teólogo ni pretendo abrir un debate entre la religión y las postulaciones nietzscheanas, no cuento con las herramientas para ello y, sin embargo, con lo poco que nos hemos sumergido en su pensamiento encuentro varias similitudes. No creo que Dios esté en lo alto como un padre ajeno sino aquí abajo, cercano, dentro, también en lo sensible.
Sobre el eterno retorno. Una única oportunidad de decidir, de escribir nuestra vida para que entonces quede dicho por toda la eternidad del mismo modo. Es cierto, nunca volveremos a vivir un día dos veces, no podremos regresar y cambiar, deshacer o hacer algo distinto, exista o no un algo después de esto, una vida posterior a esta. Esto es una idea que asusta en primera instancia, que nos puede llevar a la angustia latente de necesitar vivir siempre en un estado de éxtasis, profundidad y gratitud permanente; sin embargo, esta idea se disipa cuando Nietzsche señala la belleza de la vida en el amor tanto como en el sufrimiento, entre más nos hundimos en la vida más amamos y más sufrimos. Aceptarlo es necesario para acoger la vida. Pero, ¿Si de igual forma sufriremos y amaremos, para qué intentar direccionar nuestra vida en un sentido intencional? Quizá ese amor y ese sufrimiento saben mejor cuando se escoge en donde amar y en donde sufrir, o, mejor dicho, se escucha en donde nos viviremos en un amor o sufrimiento más pleno. No hablo de escuchar a un dios ajeno que nos dice que hacer, sino a escucharnos a nosotros mismos (yo creo que dios habita en mí). Escuchar ese cúmulo de fuerzas, instintos y pasiones que jalan en distintas direcciones dentro de nosotros. Será difícil poder seguir nuestras pasiones si todas tiran en distintas direcciones. Creo que tenemos distintos tipos de deseos, los superficiales que nos alientan a satisfacerlos de manera inmediata y efímera y los más profundos que nos llevan a un estado de plenitud prolongado, los superfluos no son malos, son también muy satisfactorios, el problema es que no siempre están de acuerdo con nuestros deseos más profundos, a veces son opuestos y por seguir a los primeros traicionamos a los anhelos más profundos, nos traicionamos a nosotros mismos. Me parece una habilidad hermosa poder aprender a escucharnos, a discernir en dónde queremos nuestra vida, de este modo la angustia de vivir siempre en estado de éxtasis se ve superada por la conciencia y responsabilización de nuestras decisiones para estar en donde nos apetece estar, en donde elegimos vivir, amar y sufrir. Es difícil poder seguir dos, tres, cuatro o cinco pasiones, resuena en mi Nietzsche cuando nos incita a direccionar todas nuestras pasiones en una sola virtud, es mucho más fácil entonces poder escuchar. También esto puede sonar intimidante ¿Por qué solo una pasión? ¿Por qué renunciar al resto? Creo que lograr canalizar nuestras pasiones en una virtud lejos de limitarnos nos libera en nuestra propia plenitud, nos libera de nosotros mismos para entregarnos a aquello que amamos, aunque esto nos haga perecer, no importa pues lo haremos gozosos. No significa renunciar a todo, sino que todo esté determinado a aquello que nos llena, vivirnos en congruencia con eso que amamos y por supuesto que no nos pesará, pues lo amamos. San Ignacio de Loyola llama a esto el principio y fundamento, en dónde estamos llamados a vivirnos más plenos, más cerca de Dios. Y es distinto para todos sin duda. Creo que Nietzsche al proponer dirigir todas nuestras pasiones a una sola virtud hablaba de lo mismo, de enamorarnos.
Te dejo un fragmento de un texto que escribió Pedro Arrupe SJ, en su momento fue líder de los jesuitas, me parece que este texto ilustra muy bien este diálogo, además de que son palabras muy queridas por mi pues antes de irme a la montaña mi mejor amiga me las regaló.
“Nada puede importar más que encontrar a Dios.
Es decir, enamorarse de Él de una manera definitiva y absoluta.
Aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación,
y acaba por ir dejando su huella en todo.
Será lo que decida qué es lo que te saca de la cama en la mañana,
qué haces con tus atardeceres,
en qué empleas tus fines de semana,
lo que lees, lo que conoces, lo que rompe tu corazón,
y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud.
¡Enamórate! ¡Permanece en el amor!
Todo será de otra manera.”
Para mi es Dios, si te hace ruido puedes sustituir esa palabra por amor, o por ti misma, como desees. Lo importante es que habla de encontrar esa virtud que nos atrape, de enamorarnos de nuestra vida, de vivirnos plenos. De encontrar esa pasión sin nombre pues es mía, real y terrenal. De vivir, en palabras de Nietzsche, en “un santo decir sí”
Regresando al diálogo después de esta tangente que a mi parecer era inevitable, concuerdo contigo, estamos tan dispersos en la vida que no sabemos realmente cuál es nuestra pasión, para lo cual creo que es necesario escuchar. Me hace mucho ruido cuando retomas las necesidades creadas “Apple se encargó de crear una necesidad basándose en otra necesidad, nos hicieron pensar que era obsoleta. ¿Qué más se encargaron de crear?” Esta última pregunta me hace cuestionarme literalmente, que más se han encargado de crear en mí, sociedad, autores o traductores, no importa. Qué caminos ya trazados se supone que siga, como escuela – godinear – maestría – éxito, esto, combinado con la responsabilidad de mis acciones del eterno retorno, el escuchar mi virtud y la congruencia despierta de lo que deseo, solo me pone más en crisis. Por supuesto que no quiero godinear en una oficina diseñando mesas, lámparas, empaques o envases para venderlas bajo el nombre de una gran compañía.
Aun no tengo clara cuál podría ser esa virtud que me enamore y determine el diseño que deseo generar, pues, de facto aun nada me enamora de tal manera que todo voltee a eso. Pero si tengo muy claro puntos específicos en mi vida que me apasionan. En el diseño me apasiona la parte estratégica, la investigación antropológica, la lectura de necesidades, la propuesta de traducciones, la creación creativa de soluciones y el diseño centrado en las personas, sin todo esto el diseño me parece vacío. Me apasiona estar con otras personas, compartir, construir, crear, estar afuera. Me apasiona poder dar algo de mi a otros y aceptar a otros en mí. Me duele la realidad en la que vivimos, grita por un cambio, clama urgentemente por mentes, corazones y manos que puedan hacer algo por nosotros. El diseño es una herramienta magnífica para hacer algo, de verdad creo que como diseñadores tenemos las herramientas y como personas tenemos la obligación de atender temas que no pueden esperar más, que son tan evidentes que creo no vale la pena seguirlos enunciando sino actuando.
No entiendo en qué congruencia conmigo mismo, con mis pasiones, con mi realidad, podría yo escoger un diseño distinto al que no atienda lo anteriormente mencionado. Sin embargo, al final del día tengo que trabajar, comer, pagar las cuentas y sé que no comenzaré creando planes estratégicos para que cambie todo lo que creo debe ser cambiado, sin embargo, me rehúso a trabajar diseñando sillas para alguien a quien solo le importa venderlas.
Estoy abrumado, me duele la cabeza Gutz, son las 11:37 de la noche, me acongojan en este momento muchas más cosas que solo lo que aquí te cuento, sin embargo, creo que la crisis siempre ayuda a repensarnos y vivirnos cada vez más como nosotros mismos. Estoy feliz por ello, creo que al día de hoy he sabido escuchar.
Te pregunto por último a modo de despedida, ¿cuáles son tus pasiones y en congruencia con ellas, qué diseño eliges crear?
Te quiero, Chema.
P.D.: Gracias por compartirme el mejor momento de tu vida, parece ser uno increíble.