Hola Gutz,
Espero esta semana de vacaciones haya sido un respiro en tu cuarentena. Yo me la pase muy bien, sin tanto estrés, aunque aún con mucho trabajo. Me emociona escuchar sobre Dos Mil y me dan un buen de ganas de saber quien es. Sobre todo, me emociona por que en mi vida de verdad he tenido una increíble suerte, a lo largo de todo mi proceso he coincidido en el camino con muchísimas personas que me han ayudado a crecer desde el ejemplo. Personas que con su vida han dado más vida a la mía, y, aunque no te hagan sentido los nombres me parece importante enunciarlos aquí con cariño y a manera de homenaje. En mi familia: mi abuelo, mi mamá y mi hermano. Profesoras y profesor: Alenka, Pancho, Malena, Meche, Aurora y Sophie. Amigos y amigas: Monse, Mariana, Mario, Ross, Álvaro y Fanny. Seguramente se me escapan muchos, y hay muchos más que han trascendido de formas distintas en mi vida, pero aquellos que su ejemplo de vida deja huella en la mía sin saberlo y sin intentarlo siquiera, son de manera especial maestros para mí y forman un cariño que perdurará toda la vida en mi corazón. Seguramente como el cariño que tu guardas para Dos Mil.
Por otro lado, también me hace muchísimo sentido y me parecen muy precisas las palabras que usas para describirlo “entumecimiento emocional” como incapacidad de poder conectar con nuestros sentimientos. Como de tanto tiempo sin usarlos se entumecen, se oxidan y se torna difícil poder acceder a ellos. Llevo yo ya como dos o tres meses sin poder dejarme interpelar por nada, como si nada me afectase. Llevo un rato ya queriendo llorar, sin poder lograrlo. Muchas cosas han pasado en mi vida que me entristecen, que me afectan, pero no siento tristeza o miedo. He pasado por muchas hipótesis para poder explicarme que sucede, primero supuse que era un efecto post montaña en donde ya había sentido demasiado y con detonantes super fuertes y ahora los nuevos acontecimientos parecían insignificantes o distantes, o ya estaba cansado de sentir y mi cuerpo decidió tomarse un descanso, o el simple choque de realidades incapacitó a mi corazón. Después supuse que podría ser el cúmulo acontecimientos sumamente complejos, tristes o amenazantes que rápidamente habían sucedido en mi vida a nivel personal y como sociedad lo que hacia una mejor opción no sentir nada que afrontar mi humana sensibilidad (puesto erróneamente como una debilidad), incluso con Carmen hace unas semanas platicaba sobre esto explicándole que era como un monstruo come sentimientos, ella lo llamó bloqueo y me citó en nuestra conversación “…"bloqueo" 🦡 me quiere mucho y se preocupa por mí, pero no sabe mucho y es muy impulsivo haha así que piensa que puede ayudarme comiéndose mis sentimientos y escondiendo mis problemas” aunque tarde o temprano estos tengan que salir. Por último, en una conversación con otra amiga, Maria, llegué a pensar que lo que imposibilitaba mi sentir era mi razón, racionalizar mis sentimientos. Siempre estar pensando de dónde vienen, por suceden, a dónde se dirigen, cómo manejarlos, bla bla bla. Estoy cansado de pensarlo. Precisamente al principio del párrafo escribí “se torna difícil acceder a ellos” como si fuera un recurso al que se accede, o algo con lo que se conecta, un enchufe a la luz, como si pudiera decidir y administrar el sentimiento en un proceso racional, descartando la posibilidad (la realidad) de que sólo acontecen, sin ningún control sobre ellos, solo sentir.
Aunque todas estas hipótesis parecen posibles, la verdad es que ninguna me hace sentido por completo. No creo que tenga una conexión directa con mi vida en la montaña, aunque claro influye, no determina. Tampoco parece un gran cúmulo de sentimientos difíciles acumulados en el patio trasero pues no siento una evasión, como si me afectara y lo guardara, simplemente no me afecta algo en particular, solo hay un sentimiento homogéneo de incomodidad con tintes de angustia. Tampoco creo que sea la racionalización del sentimiento pues no hay sentimiento que racionalizar. No existe el sentir para que después la razón lo desarticule en datos procesables. Más bien se trata de una monotonía sentimental que permite sensaciones ligeras, pero ante un importante suceso no identifica ningún sentimiento fuerte. Todo da igual. Parece un enmimismamiento tremendo en donde afuera todo es igual, pero que al final deja un mal sabor de boca.
Suena coherente que esté tan en mí mismo, en mi monotonía individual saturada, que un suceso externo no me afecte pero, ¿Por qué algo que de facto si me afecta directamente no me duele o no provoca mucho? La nueva hipótesis, que quizá descarte después también y que de entrada no me hace mucho sentido, pero funciona como ejercicio a partir del texto de Byung Chul Han, La Agonía de Eros y seguramente me servirá para encontrar haces de luz que me ayuden a entender mi entumecimiento emocional es: que hoy me vivo en un yo narcisista. Sí, enmimismado, pero no solo dentro de mí sino en mi yo diluido entre otros que percibo como proyecciones de mí mismo. No encuentro límites claros en mi ser, pues mi persona no termina conmigo sino que el resto de entes son también una proyección de mi mismo. El narcisismo no permite definir-me, no puedo contactar con mis sentimientos no porque no sea sensible, sino porque el suceso sucede diluido en el limbo de mi yo extendido. No se si esto tiene sentido, pero me parece terrible. Haré un dibujo para intentar explicarme mejor.
En el primer esquema, el de amor propio, el sujeto delimita su lugar negativamente frente al otro a favor de sí mismo. El otro se presenta sin lugar, como una atopía mientras que el sujeto se define claramente. En el segundo esquema el del yo narcisista, no hay límites fijos ni claros, todo es una proyección del sujeto dejando al otro en condición de espejo, el lugar propio absorbe al otro y diluye al sujeto. En el tercer esquema, Eros arranca al sujeto de sí mismo y lo conduce fuera, dejando al sujeto deslimitado, dentro del lugar ajeno y vaciando el lugar propio.
En cuanto al sentimiento, en el amor propio es fácil sentir, todo acontecimiento sucede fuera de mi lugar o dentro de él y de este modo me afecta o no, no hay más, incluso si le sucede algo a alguien que quiero me afecta porque YO lo quiero. Por otro lado, en el Eros cualquier cosa que me suceda a mí no importa, mientras que cualquier afección al otro que se ama detona infinidad de sentimientos. Es distinto en un estado narcisista, el sentir se vuelve sumamente difícil pues el lugar es compartido y cualquier acontecimiento que en él suceda se difumina e imposibilita detonar un sentimiento, nada me afecta a mi particularmente sino a la imagen borrosa de mí entre las proyecciones de mí mismo. Es como caminar con lentes mojados, como manejar en la lluvia sin limpiaparabrisas. No es que pierda la capacidad de sentir sino la capacidad de poder identificar la conexión entre lo que acontece y mi persona, los detonantes son desactivados y mi sensibilidad se entumece.
Aquí me surge otra idea, ¿Es el amor propio la condición de posibilidad para poder amar? Si eros significa deslimitarme en el otro a quién amo ¿cómo lo puedo hacer si me encuentro deslimitado en un yo narcisista? ¿Cómo surge el abandono de sí mismo si no se tiene a sí primero? Para poder desreconocerme en el otro primero tengo que reconocerme y no me reconozco como individuo si vivo en un yo narcisista que reconoce a todos en función de mi mismo. ¿Cómo podemos ir fuera en contemplación o en amor si no estamos primero dentro? Tengo que comenzar por delimitarme y aceptar la atopía del otro para que entonces esa atopía me seduzca y pueda Eros moverme.
Es imposible viviéndome narcisistamente poder enamorarme, nadie puede llegar a arrancarme de ahí, primero tengo que regresar a mí. Aún si en mi estado narcisista alguien llega a moverme todo el mundo y parece que de pronto me enamora, en ese mismo acto, al presentarse como una alteridad, me regresa y delimita mi propio ser, forzosamente tengo que pasar por el amor propio para poder alcanzar el amor.
El año pasado, meses después de que una chica con la que salía y yo terminamos, intercambiamos un par de cartas cuando estaba en la montaña, ella me escribió: “Creo firmemente en que la capacidad de estar solo es la condición indispensable para la capacidad de amar…” Esto, en ese entonces me pareció errado. Pensé ¿alguien que no sabe estar solo no puede amar? ¿alguien roto no puede amar? ¿alguien que no está bien no puede compartir con otra persona en el amor y juntos sanar? ¿el amor es entonces solo para los que están “bien”, los sanos, quienes puedes soportar el silencio, quienes están enteros? Este segundo pensamiento a partir de las palabras de esta chica me pareció absurdo. Creí entonces que nadie en el mundo sería capaz de amar, no existe quien pueda decir que está por completo sana (hablando del sentir), el amor es para todos, claro que se puede amar estando roto y claro que se puede sanar junto a alguien más.
Ahora, esta frase cobra sentido, el amor propio no es un estado de perfecta salud sentimental como se vende en nuestra contemporaneidad, no es comer bien, hacer yoga, ejercicio, leer, cuidarte, tener relaciones sanas, amarte sobre todo lo demás, no llorar y no sentirte mal. Es respetar tu lugar y la atopía de los otros, saberte limitado bien o mal, sano o roto, en un proceso de duelo o de amor, pero limitado. Y aceptar la otredad, saber que no la controlarás, que no tienes decisión en ese lugar, no es un reflejo de ti.
También entiendo un poco ahora porque lloré sin ninguna gobernatura sobre mi ser, después de meses querer llorar sin lograrlo, cuando tu y las demás en mi cumpleaños a media cuarentena mandaron a mi casa una caja de donas, acuarelas y flores. Justo por que fue algo que me saco completamente de mi ser racional controlador y deslimitado. Fue algo que no planee, nadie me avisó, su estupenda alteridad vino a regresarme de golpe a mi propia persona limitada y definida. Me parece increíble que fueron capaces de hacerme llorar de puro amor, me parece hermoso que sean lágrimas de vida las que me regalan.
Por último, en tu carta pasada, cuando enuncias que sí eres la señora de las plantas, la repostera y la diseñadora, precisamente comienzas por reconocerte, definirte, regresar de tu yo diluido a tu ser limitado. Cuando nos deja de importar lo que los demás piensan sobre nosotros y priorizamos lo que nos viene bien, dejamos en mayor medida de concebirnos diluidos en el uno. Pero, también cuando dejamos de pensar que sabemos lo que los otros deben hacer, cuando soltamos la idea narcisista de que el criterio de lo que es correcto o incorrecto soy yo mismo y los demás son solo una proyección de mí, también dejamos de concebirnos diluidos y regresamos a nosotros. Me parece lindo el camino de regresar a limitarnos.
Como pregunta quiero abordar un cuestionamiento que nada tiene que ver con esta carta y que me encantaría dialogar, pero en esta edición no cabe pues ya duró demasiado. ¿No crees que la idea del amor como algo que te acontece sin ninguna decisión, algo de lo que padeces a lo que te entregas puede perpetuar muchísima violencia en una relación? De cara la violencia de género que vivimos y ejercemos, de cara al feminismo y el machismo ¿no crees que la atopía apocalíptica que plantea Melancholía es un foco rojo de violencia de género? Me parece que la relación entre el Eros, la muerte y la redención si es violenta pero no solo de una forma erótica sino también, puede llevar a deformaciones denigrantes y horribles.
