Conclusión, diseñar para nuevos mundos.

Gutz¡ 
¿Cómo estás? Espero que bien, sé que sigues escribiendo esta última carta concluyendo todo nuestro diálogo. Yo apenas comienzo a hacerlo, son las 2:40 de la mañana y debemos entregar la correspondencia en unas horas. Estoy un poco desanimado por saber que es la última, ha sido un camino magnífico, sin duda una de las mejores clases que he tenido no solo en la carrera sino en toda mi formación académica. Ha sido un verdadero placer compartirlo contigo. Y, aunque estoy desanimado, también estoy muy emocionado de concluir, de poder aterrizar todas las conversaciones que hemos intercambiado en una carta. Aunque he de confesar que ha sido especialmente difícil, no estoy escribiendo a esta hora solo por haber procrastinado como siempre, sino también por que ha representado un esfuerzo particular. Comencé leyéndonos desde el principio, haciendo pequeños resúmenes de cada carta y anotaciones en mi cuaderno, encontrándome con que la mayor parte del camino nos separamos mucho de nuestra pregunta. Le dí muchas vueltas en mi cabeza para poder concebir la manera de concluir todo regresando a nuestro menester. Fue muy grato mirar atrás y darme cuenta que nos permitimos llevar la reflexión a nuestra vida personal, no solo al diseño, las cartas me ayudaron a crecer muchísimo, a cuestionarme, a descubrir y a descubrirme, por lo cual te agradezco de corazón. Rene y Ricardo, les agradezco también a ustedes el acompañamiento y la pasión que nos dieron, son maestros estupendos. 
Fue también muy grato darme cuenta (después de mucho tiempo) que aunque no se trató siempre de diseño, ni siquiera la mayor parte del tiempo, al final, encuentro un hilo conductor que puede aterrizar nuestra conversación a nuestra profesión, la de diseñadores. 
Antes que nada quiero retomar algunas concepciones en Heidegger, que nos servirán para recordar y recordarle a nuestros lectores de que estamos dialogando. 
La esencia del humano, según Heidegger, es la del Dasein. Quien en cada caso, es él mismo. En este caso soy yo, por lo que trataré de hablar en primera persona durante todo el discurso. Yo no soy, me hago. Cada uno constituye su ser mismo, soy posibilidad pura. La existencia del ser precede a la esencia del mismo, es decir no somos hasta que nos hacemos. Soy lo que hago de mi existencia. Será entonces más fructífero hablar de existenciarios, formas de ser del Dasein, no de aspectos ontológicos al mismo, es decir, de características esenciales del ser humano. Por lo que, durante el desarrollo de esta carta también hablaré de cómo soy, cómo somos y como es el diseño hoy,  en nuestro tiempo y nuestra geografía. Así como cómo podríamos ser y cómo podría ser el diseño en un horizonte futuro concebido desde nuestro piso común. 
Algunos existenciarios: puedo comprender y tengo un estado de ánimo. Existo en el mundo, y existo con otros entes así como con otros entes con la forma del ser del Dasein. Existo con objetos, que pueden ser productos de diseño y con otras personas que tienen mi misma forma de ser. Como Dasein mi ser cada vez se hace, en lenguaje heideggeriano, se cura. Este hacer puede ser curado por mi o por otros, puedo ir de una existencia en la propiedad a la impropiedad, ganándome o perdiéndome (ganar-ser y perder-ser). Esto es importante, significa que puedo ir en mayor o menor medida al uno, otro existenciario del ser.
El uno o Dasman, es, la forma de ser del dasein en el convivir, en la cotidianeidad, el modo impropio de la existencia. Quien “no es este ni aquel, no es uno mismo, ni algunos, ni la suma de todos” es el otro, llamado otro por no asumirnos parte del mismo, pues de facto lo somos. El uno quien despliega una sigilosa dictadura del modo en el que uno mismo debe ser. 
Por último quiero puntualizar que el tener que ser (zu-sein), el tener que ir de la propiedad a la impropiedad, nos causa angustia. Viviendo en un dilema existencial constante, por lo que el uno no es siempre algo desagradable como se podría pensar. También proporciona alivianamiento al ser, dejar de preocuparnos por tener que existir y dejarnos en la impropiedad. Profundizaré más sobre estos conceptos durante el desarrollo de la carta así como iré trayendo a la mesa nuevos y de otros autos. 
Sin más que explicar, comenzaré con lo que nos concierne, nuestra pregunta. ¿Cómo se relaciona el producto de diseño con la producción de la persona? Y quiero comenzar haciendo un ejercicio fenomenológico sobre la producción de mi persona en relación con el producto de diseño, en mi cotidianidad. Paréntesis: fenomenológico de fenómeno, algo que acontece y logos, decir. Se convierte el lenguaje y más precisamente el diálogo, en la condición de posibilidad para develar un acontecimiento, es decir la Aletheia. 
¿Cómo influyen los productos de diseño en mi existencia? La sociedad de cansancio, de Byung Chul Han, es muy pertinente para dar sentido a esta pregunta. La inmensa saturación de mismidad encarnada en productos de consumo, la inmensa oferta que existe en todo diseó, el bombardeo de lo mismo y lo mismo y lo mismo, se traducen en mi persona en una hiperatención multitask incapaz de poder centrarse en una sola tarea, en una sola actividad. Resulta en una ineficiencia profunda. Y, el simple hecho de que esté hablando ahora de eficiencia es a su vez resultado de una sociedad de rendimiento perpetrada por productos de diseño y campañas como “yes we can” o estrategias como el home office, en donde el rendimiento es el criterio de valor en mi existir. Me entrego a la libre obligación de maximizar. Los productos de diseño están definitivamente produciendo a mi persona. Sin embargo, no solo estos productos propios de la sociedad de cansancio y no sólo de maneras desagradables, también productos de diseño como las ideologías teresianas o ignacianas (que quizá no fueron pensadas como productos de diseño, aunque lo son) se traducen en mi como formas de ser muy humanas. Incluso un producto como el sistema capitalista que ha agravado la desigualdad e injusticia en el mundo ha creado en mi una arraigada motivación por luchar para erradicarlo. O productos de arte, películas, libros y experiencias han potencializado mi sensibilidad así como plataformas de streaming, servicio a domicilio e información digital han puesto todo a mi alcance produciendo en mí una existencia muy distinta a la de mis padres. Así podría enlistar un sinfín de productos de diseño que me producen, en formas que me apetecen o me disgustan, es un hecho. Y se, que quien no sea diseñador pensará que estamos planteando al diseño como aquello que crea todo, pero es un hecho, todo lo que no es dado, todo lo que es “creado para” es un producto de diseño, aún cuando no haya sido gestado desde esta disciplina. Los productos de diseño, producidos por nuestra existencia, producen mi existir. 
Es entonces inevitable preguntarnos ¿De dónde nacen las motivaciones para diseñar? ¿Cuáles son las necesidades que nos impulsan a crear? La respuesta es, de los distintos Dasein y del uno. De lo que uno cree y crea basado en las necesidades del uno, en lo que uno consume. Y, ¿Por qué uno cree, crea, necesita y consume tales creencias, creaciones, necesidades y productos? El uno está sujeto al campo epistemológico en el que existe. De acuerdo con Foucault es la tabla común que alberga el pensamiento propio de una misma temporalidad y geografía. Sobre la cual se construyen los paradigmas contemporáneos, el criterio sobre el cual ordenamos nuestras concepciones de mismidad y otredad. Es la reja en la cual separamos lo bello de lo feo, lo legal de lo ilegal, lo idéntico y lo diferente, lo mismo y lo otro. Marca el límite de mi pensamiento, el de los otros que compartan mi lugar y tiempo, el del uno también. 
Hablaba de cómo hemos producido estructuras que han sido benéficas o desagradables para mi existir. Esto quiere decir que, aunque el uno se desenvuelva en un mismo campo epistemológico puede producir distintas maneras de existir. Aun cuando se quiere ser diferente, se es diferente como uno debe ser distinto. Pero esto no solo devela que el uno marca la pauta, sino que hay distintos tipos de ser del uno, hay diferencias en el modo de ser del Dasein en el convivir. Existen personas en una misma contemporaneidad y espacio con distintas creencias, motivaciones deseos y pensamientos, aunque estos estén contenidos en la misma episteme. Y, todavía mejor, significa que podemos optar por distintos tipos de consumo y de producción de diseño. ¿Cómo podemos hacerlo? preguntándonos siempre ¿qué me viene bien? Si yo convivo en círculos con Daseins con modos de existir similares al mío, el uno inmediato que dicte el modo de ser dentro de ese círculo será entonces en mayor medida compatible con lo que deseo, me producirá de una manera menos desagradable. Aterrizando más este ejemplo, yo convivo en mi cotidianidad con ustedes (matatena nuestro estupendo grupo de amigos) que piensan muy similar a mi, en el que a su vez todos somos diseñadores con un particular modo de pensar, que a su vez pertenece a la Ibero que predica una ideología que me viene muy bien. Convivo también con mis amigos del sur, coyoacán, con quienes crecí y forme un pensamiento similar. Yendo a estructuras más grandes, si sigo y consumo corrientes de pensamiento que producen un Dasman católico o que le disgusta el consumismo o reflexivo, que van a ciertos eventos sociales o tienen una particular postura política apartidista, entonces podré asegurar en mayor medida que el modo de ser en el que uno debe actuar sea compaginable con lo que me viene bien, pues de facto yo me he producido de la mano de este uno. Cabe aclarar que también he sido influenciado por unos que no me apetecen, resultando en modos de ser en mi mismo que me disgustan. En fin, puedo elegir en donde coexistir con otros entes (daseins y productos de diseño), podré entonces forjar un modo de existir con el que me vivia pleno y de este modo podré diseñar productos congruentes con mi ser. 
Continuo, ¿cómo se crea este campo epistemológico? ¿qué determina el cambio de pensamiento? creo que no es en lo absoluto un diseño consciente, sino el resultado de la historia humana que lo precedió. El resultado de muchísimas acciones que sin notarlo pusieron los medios para  que surgiera el nuevo pensamiento. No planeamos una sociedad del cansancio, no planeamos un sistema de consumo como hoy se desarrolla. Fue la respuesta del inconsciente colectivo ante crisis económicas, ante revoluciones industriales, guerras y hallazgos que nunca imaginamos podríamos conseguir como humanidad. Sin darnos cuenta, fue concebido una episteme actual que desde donde yo lo veo, está determinada por el dominio, por las relaciones de poder con los otros entes. 
Pasamos de un dominio en una sociedad inmunológica caracteriza por el rechazo a la otredad y el verbo modal del deber, a una sociedad patológicamente neuronal con un dominio interiorizado que disipa la otredad y alberga un verbo modal del deber. La violencia que perpetúa una cultura sexista heteropatriarcal está basada en relaciones de poder, en donde la hombría no es algo que se tenga sino algo que se alcanza dominando a otros hombres siendo así más hombre y a otras mujeres reprimiéndolas, o a sí mismos monitoreando constantemente que tanto son más que otras personas. La cultura de consumo se basa también en un pensamiento de dominio en donde se es más en cuanto se tiene más, en cuanto se consume más que otros. Incluso la cultura capitalista se asienta en la episteme del poder, aquí Heidegger puede ilustrarnos con la pregunta por la técnica, en donde el Gestell representa la técnica moderna que exige la energía de la tierra reduciendola a “recursos naturales”. Pasamos de una técnica en la praxis ejecutada para un fin específico, a la técnica en la poiesis que contiene en sí misma el fin. Producimos por producir, dominando y provocando al planeta para brindarnos más y más productos. La episteme del dominio y el poder.
Sin embargo, así como el pensamiento contemporáneo fue gestado por el pensamiento que le antecedió, hoy la saturación del mismo, provoca un hartazgo de los sistemas y creencias que se producen por una cultura de dominio. Hoy, citando a Marc Auge antropólogo francés, vivimos en una época de sobremodernidad en donde el progreso no es sinónimo de bienestar. Creo firmemente que vivimos en una increíble época de cambio, en donde los paradigmas e incluso espero que el propio campo epistemológico comienza a concebir un modo de ser del uno distinto. Hoy nos toca deconstruir y comenzar a diseñar para el cambio. 
Pero, ¿Como diseñar para un mundo distinto? ¿Como imaginar posibilidades de mundos más justos? ¿Cómo salir de un sistema capitalista tan nocivo? Y, ¿cómo hacerlo desde nuestro papel como diseñadores? Retomo los conceptos sobre creadores que en alguna carta te escribí, en donde según yo, el autor es quien crea desde las ciencias cuyo objeto es estudiar acontecimientos y crear: ingenieros, psicólogos, alquimistas, inventores, etc. El traductor es quien traduce los conocimientos y las necesidades en productos usables: diseñadores, comunicólogos, arquitectos, mercadólogos, psicólogos también, etc. Y la sociedad es quien crea desde el diálogo, desde la cotidianidad, desde su existir común. Los tres en conjunto forman el modo de existir de la humanidad autopoiesica (auto, por si mismo y poiesis, hacer), la capacidad de autocrearse conscientemente desde lo pequeño e inconscientemente en colectividad desde lo grande. Como diseñadores tenemos el deber de traducir las necesidades del mundo en productos que a su vez produzcan existencias  que terminen produciendo más camino. 
Las necesidades de nuestra realidad producto de la episteme del dominio, hoy claman por un cambio urgente. Es nuestro menester traducir estas mociones en productos tangibles que abonen al cambio de pensamiento y a un mundo más justo. Un diseño que no explote al mundo, que no someta a nadie, no consumista, no narcisista. Hoy toca limitarnos, regresar a nosotros mismos, pasar de una existencia en el dominio a una existencia en la propia topía. Aceptar la atopia de la alteridad de una manera distinta sin la compulsiva necesidad narcisista de controlarla. Es el diseño del amor propio. 
Quizá un diseño mucho más Nietzscheano, consciente del eterno retorno que entiende que hay solo una oportunidad para escribir cada día para que perdure por la eternidad y nos responsabiliza de nuestras acciones. Diseñar productos que en su uso y consumo faciliten en el Dasman regresar a limitarse, a no dominar, que perduren y basten para muchas necesidades no que creen nuevas. Quizá después de esta nueva epistemología, quizá después de mil años más, estemos listos para un nuevo cambio. Quizá suceda después un diseño que produzca para una sociedad lista para entregarse al eros, para vivir fuera de sí, que de paso a la virtud e incluso al superhombre. 
No lo sé Gutz, no se que siga, pero se que es momento de caminar, de cambiar. La saturación de esta época nos desborda, es momento de producir diseños que produzcan personas distintas, que construyan realidades distintas. 

No se si todo esto te hace sentido, yo me voy feliz y esperanzado. No me queda más que decirte adiós y agradecerte de nuevo por este semestre. Este diálogo me ha ayudado a crecer y me dio gusto entablarlo contigo, te quiero y te mando un muy fuerte abrazo.