¡Gutz!
¿Cómo estás? Muchas cosas que decir, lamento no haber incluido una pregunta la carta pasada, coincido contigo y lo increíblemente harto que me tiene esta cuarentena. Qué, aunque hay luces de goce de este silencio y quietud, la mayor parte del tiempo si me tiene harto.
Creo que se debe a que precisamente no he tenido tiempo (no me he dado el tiempo) para gozar el silencio y la quietud, me siento saturado. Las tareas y el trabajo se acumulan, todo lo que hago hoy lo tuve que haber entregado ayer, mientras los días parecen ser siempre más de lo mismo, haciendo lo mismo, del mismo modo. Mi hiperatención hija del exceso de positividad realmente dificulta mucho que pueda concentrarme en una sola cosa, disfrutarla y terminarla, también, como tú, tengo TDA+H diagnosticado desde pequeño, hijo de la patología neuronal propia de esta época. Realmente me cuesta sentarme y permanecer enfocado, absorto, inmerso en una sola cosa, cada 10 minutos agarro el celular o me levanto a donde sea, me acuesto o sólo deambulo. Por último, como buen sujeto de rendimiento, de verdad no puedo entregar un proyecto, un ensayo o un simple reporte si no es excelente. Me exijo, bajo la excusa del rechazo a la mediocridad, realizar cosas increíbles o mejor no hacerlas, tal cual: me abandono a la libre obligación de maximizar mi rendimiento. Así que sí, estoy muy cansado, como buen hijo de una sociedad del cansancio. Byung Chul Han de verdad cae como anillo al dedo en la vida hoy, la sociedad de cansancio siento que se encarna en mi sentir, me hace completo sentido, me parece incluso un chiste leerlo y verlo después en el espejo. La saturación, la hiperatención y el rendimiento; el cúmulo de todo igual, la falta de concentración y la exigencia a la excelencia me tienen muy cansado.
Dos aclaraciones muy puntuales. Primero, creo que la saturación es algo en mi vida nuevo, sin embargo, la hiperatención y el rendimiento han estado casi toda mi vida muy fuertemente interiorizados. Segundo, este fue un retrato de mi cuarentena bastante desalentador; que, aunque es real, como dije, existen también muchas luces, oasis de goce y plenitud.
Esta cuarentena parece ser una excelente oportunidad para poner los medios y desaturarme, darme el tiempo para contemplar, darme chance de poder no poder y abrazar al aburrimiento profundo.
En respuesta a la segunda parte de tu carta: “Nunca me ha gustado hacer lo que las demás personas hacen… me gusta ser percibida como una persona diferente al resto” Esto me hace mucho sentido, claro que yo también quiero que todos me perciban como un ser único distinto a todo el mundo, solo que ahora me parece mucho más importante parecerme a mí mismo no ser distinto a otros. El tema con querer ser diferentes es que seguimos determinando nuestra vida en función de la vida del otro. Nuestro valor es tanto cuanto somos diferente de todos, no que tan parecido soy a mi mismo. Por otro lado, me confronta muchísimo tu ejemplo: "mira a Chema, es muy auténtico, me encantaría ser como él" esto es real en mi vida, muchas veces me muevo conforme a la validación que recibo de los demás. Y, pues, aunque sé que somos seres sociales, necesitamos pertenecer, necesitamos ser validados y sé que el uno es un existencial esencial, no quiero que todo esto opere en mi sin preguntarme cada vez si me viene bien. Vivir desde mi no en función de otros, desde mi y aceptando que existe una alteridad operante en mi interior, pero en verdad deseo, que esa alteridad empate, en la medida en la que ponga los medios para posibilitarlo, con aquello que me hace sentido. Claro que este criterio, el parámetro de que me viene bien, está determinado por muchísimas alteridades que lo formularon mucho antes de poder generar la criticidad necesaria, pero, en adelante y cada vez en mayor medida espero poder formular mis no negociables, determinar que necesito, que deseo, que me vuelve pleno, en donde decido entregarme a la otredad, enamorarme. Que el cúmulo de diálogos que convergen en mí y forman mi ser, que mis experiencias, miedos y anhelos enuncien en coro decisiones más y más y más parecidas a mí. Decisiones no inamovibles, claro con la apertura a descubrir, confrontar y cambiar, pero conscientes, sensibles o críticas.
Me queda únicamente la espina de cómo deseamos pertenecer pareciéndonos a un grupo y paradójicamente ser únicos. De nuevo, mi hizo completo sentido, pero conforme le daba vueltas cambié de parecer. Creo que ni queremos ser completamente únicos ni queremos ser idénticos a un grupo de personas, sin embargo, si queremos ser auténticos y sentirnos acompañados en puntos en común que encontremos con otras personas. Parece esto del convivir ser un juego, en donde vas tomando y dejando, acercándote y alejándote, aceptando y rechazando, cediendo y luchando, caminando, compartiendo, haciendo presentes y pasando por desapercibido cosas, incluso decidiendo y entregándote a la indiferencia. Creo que entre más lo pienso más me convenzo de que es la pregunta constante de ¿qué me viene bien? lo que puede hacer una indiferencia hacia una vida más plena. Y quizá no es el conocimiento de lo que opera en el interior y la criticidad la condición que posibilita vivirnos en plenitud, no se puede conocer todo. Quizá es la escucha atenta al sentimiento de aquello que nos emociona más, o lo que nos hace sentir miedo, lo que nos saca una sonrisa o a donde nos sentimos realmente atraídos. Aunque no se pueda conocer todo, y no podamos siempre estar atentos a nuestro sentir, es la pura intención de hacerlo, el modo de caminar, el anhelo de, lo que nos acercará a vivirnos cada vez más como nosotros mismos.
Contestando a tu pregunta, sí, he imitado muchas veces el comportamiento de otras personas consciente o inconscientemente, algunas veces por presión o por envidia o por querer pertenecer, pero creo que la mayoría de las veces por cariño y profunda admiración hacia otra persona. Esta imitación desde la admiración parece tratarse de la negación de la negatividad del otro interiorizada. ¿y tú, a quién admiras?
Te quiero Gutz, gracias.